12. ¿Y no llevaría un IBI automáticamente a le negación de trabajar en el caso de los demás ciudadanos?Con un IBI crearemos una revalorización del trabajo, que sólo se juzgará por su rendimiento y por su capacidad por resolver problemas y no por el hecho de la salvación de ocupación. Porque solamente hay que ocupar a aquellos individuos que no saben qué hacer con su tiempo. ¿Podemos esperar que este sea el caso para la mayoría? Solamente quienes atribuyen al ser humano una naturaleza perezosa, pensando que tan sólo mediante el trabajo se puede ser feliz, pueden pensar esto. Si este prejuicio fuera verdad no existiría nuestra comunidad con su orden democrático. Quienes creen que el ser humano es vago y perezoso no hablarían así de sí mismos, a pesar de haber hecho una declaración general. Preguntemos a quienes piensan así, sí se incluyen en ese grupo, y sobre todo si no han tomado ningún tipo de decisiones importantes en su vida hasta el momento. Sencillamente porque quién toma decisiones no puede ser completamente vago y perezoso. Quién crea innovaciones hoy en día y se esfuerza, lo hace por la motivación de participar en el acto de crear soluciones para problemas y de enfrentarse con aquello, en cualquier profesión. Los “Workaholics” no son innovadores, eso ya lo dice ese propio adjetivo. No eligen trabajar tras haber tomado la decisión libre de hacerlo, ni lo hacen por la disposición de enfrentarse con un desafío. Son dependientes, adictos y necesitan el trabajo para sentirse bien, para tener la impresión de hacer algo razonable – pero no razonable en cuanto al rendimiento, sino por la sanción de la sociedad que equipara el rendimiento a mucho trabajo. Por lo tanto, no están siguiendo a una ética de rendimiento – más bien surgen de una erosión de esta. Ya hoy en día, tenemos que suponer que algunos fenómenos de sabotaje en el trabajo, de negación a rendimiento y de abuso de prestaciones sociales, son una reacción hacia cierta crisis. También las vacilaciones en comprometerse a hacer algo para la sociedad surgen del hecho que no nos sentimos suficientemente reconocidos como ciudadanos. Eso ya empieza en la escuela, donde la curiosidad de ni ñ os y jóvenes frecuentemente no se toman en serio. En vez de la promoción de curiosidad se recompensa la adaptación. Así, quién no se somete al sistema, se cae fácilmente del mismo. <<vuelta atrás
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